¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. (Mal. 3: 2). (Véase Exo. 19: 16-22; 34: 28-35). A causa de su pecaminosidad, se le prohibió al pueblo de Israel acercarse al monte cuando Dios estaba por descender sobre él para proclamar su ley, para evitar que fuese consumido por la abrasadora gloria de su presencia. Si tales manifestaciones de su poder señalaron el sitio escogido para la proclamación de su ley, ¡cuán pavoroso no será su tribunal cuando venga para aplicar el juicio de estos sagrados estatutos! ¿Cómo soportarán su gloria en el gran día de la retribución final los que pisotearon su autoridad?. . . Cuando se manifestó la presencia divina en el Sinaí, la gloria del Señor era ante la vista de todo Israel como un fuego devorador. Pero cuando venga Cristo en gloria con sus santos ángeles, toda la tierra resplandecerá con el tremendo fulgor de su presencia. . . Nunca, desde que se creó al hombre, se había presenciado semejante manifestación del poder divino como cuando se proclamó la ley desde el Sinaí. . . En medio de las más terríficas convulsiones de la naturaleza, la voz de Dios se oyó como una trompeta desde la nube. El monte fue sacudido desde la base hasta la cima, y las huestes de Israel, demudadas y temblorosas, cayeron de hinojos. Aquel, cuya voz hizo entonces temblar la tierra, ha declarado: "Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo" (Heb. 12: 26). . . Cuando Moisés regresó de su encuentro con la divina presencia en el monte, donde había recibido las tablas del testimonio, el culpable Israel no pudo soportar la luz que glorificaba su semblante. ¡Cuánto menos podrán los transgresores mirar al Hijo de Dios cuando aparezca en la gloria de su Padre, rodeado de todas las huestes celestiales, para ejecutar el juicio sobre los transgresores de su ley y sobre los que rechazan su sacrificio expiatorio!. . . Pero en medio de la tempestad de los castigos divinos, los hijos de Dios no tendrán ningún motivo para temer. "Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel".* 39
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NO Hay Tiempo Para Hacer La Obra Del Diablo
Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios. . . ! (2 Ped. 3: 11, 12). Es esencial que todos sepamos qué atmósfera envuelve nuestras almas, si estamos en sociedad con el enemigo de la justicia, y hacemos inconscientemente su obra, o si estamos unidos en yugo con Cristo para hacer la suya. . . Satanás se complace en disponer de cualquiera y de todos para que sean sus aliados en la obra de debilitar la confianza mutua de los hermanos, y sembrar discordia entre los que profesan creer la verdad. Satanás logra cumplir su propósitos con mucho éxito por medio de profesos amigos de Cristo que no están avanzando ni trabajando de acuerdo con las pautas del Señor. . . Este es el día de la preparación del Señor. No tenemos tiempo para hablar en tono incrédulo o. . . para hacer la obra del diablo. Todos debemos cuidarnos de no debilitar la fe de los demás mediante la siembra de semillas de envidia, celos y desunión; porque Dios escucha estas palabras y juzga, no por las declaraciones positivas o negativas, sino por el fruto de la conducta de cada cual. . . Hasta este momento se están reteniendo los cuatro vientos hasta que los siervos de Dios sean sellados en sus frentes. Entonces avanzarán los poderes de la tierra para librar la última gran batalla. ¡Con cuánto cuidado debiéramos aprovechar el poco tiempo de prueba que nos queda! ¡Con cuánta sinceridad debiéramos examinarnos a nosotros mismos! . . . Se necesita disciplina de espíritu y pureza de corazón y pensamiento. Son de más valor que los brillantes talentos, el tacto o el conocimiento. Una mente común, educada para obedecer un "así dice Jehová", está mejor calificada para hacer la obra de Dios que las de aquellos que tienen capacidad, pero no la emplean correctamente. . . Los hombres se pueden enorgullecer de su conocimiento relativo a las cosas mundanas; pero si no tienen un conocimiento del verdadero Dios, de Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida, son lamentablemente ignorantes y su conocimiento perecerá con ellos. El conocimiento secular implica poder; pero el conocimiento de la Palabra, que tiene una influencia transformadora sobre la mente humana, es imperecedero. Es conocimiento santificado.
La Última Campaña De Satanás
Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. (1 Juan 2: 18). El enemigo se está preparando para su última campaña contra la iglesia. Está de tal manera oculto de la vista que para muchos es difícil creer que existe, y mucho menos pueden ser convencidos de su asombrosa actividad y poder. . . El hombre es cautivo de Satanás, y está naturalmente inclinado a seguir sus sugestiones y cumplir sus órdenes. No tiene en sí mismo poder para oponer resistencia eficaz al mal. Únicamente en la medida en que Cristo more en él por la fe viva, influyendo en sus deseos e impartiéndole fuerza de lo alto, puede el hombre atreverse a arrostrar a un enemigo tan terrible. Todo otro medio de defensa es completamente vano. Únicamente por Cristo es limitado el poder de Satanás. Esta es una verdad portentosa que todos debieran entender. Satanás está ocupado en todo momento, yendo de aquí para allá en la tierra, buscando a quien devorar. Pero la ferviente oración de fe frustrará sus esfuerzos más arduos. . . Satanás espera envolver al pueblo remanente de Dios en la ruina general que está por sobrevenir a la tierra. A medida que la venida de Cristo se acerque, será más resuelto y decidido en sus esfuerzos para vencerlo. Se levantarán hombres y mujeres, profesando tener alguna nueva luz o alguna nueva revelación que tenderá a conmover la fe en los antiguos hitos. Sus doctrinas no soportarán la prueba de la Palabra de Dios, pero habrá almas que serán engañadas. Harán circular falsos informes, y algunos serán prendidos en esta trampa. . . Ciertos hombres no tienen un carácter firme. Son como un puñado de masilla que se puede modelar de cualquier manera. Debemos vencer esta debilidad, indecisión e ineficiencia. En el carácter cristiano genuino encontramos una firmeza tal, que no le permite ser modelado o subyugado por las circunstancias adversas. Los hombres deben tener solidez moral, una integridad que no se deje adular, ni sobornar ni asustar.
En Los Umbrales Del Mundo Eterno
Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte. . . y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. (Heb. 11: 5). Estamos viviendo en una época perversa. . . Debido al aumento de la iniquidad, el amor de muchos se ha enfriado. Enoc caminó trescientos años con Dios. Parecería que actualmente se está empleando el hecho de que el tiempo es corto como motivo para instar a la gente a practicar la justicia. ¿Será necesario que se nos tengan que presentar los terrores del día de Dios para inducirnos a obrar correctamente? El caso de Enoc está delante de nosotros. Caminó por cientos de años con Dios. Vivió en una época corrompida, cuando la contaminación moral abundaba a su alrededor; no obstante, orientó su mente hacia la devoción, el amor y la pureza. Su conversación se refería a las cosas celestiales. Educó su mente para que discurriera por esas vías, y llevó el sello de lo divino. Su rostro resplandecía con la luz que emana del rostro de Jesús. Enoc fue tentado como nosotros. Vivió en medio de una sociedad que no era más amiga de la justicia que la nuestra, La atmósfera que respiraba estaba contaminada de pecado y corrupción, como la nuestra; no obstante, vivió una vida santa. Los pecados que prevalecían en la época en que vivió, no lo mancillaron. Del mismo modo nosotros podemos mantenemos puros e incorruptos. Enoc representaba a los santos que han de vivir en medio de los peligros y las corrupciones de los últimos días. Fue trasladado al cielo gracias a su fiel obediencia a Dios. De esa misma manera serán trasladados los fieles que estén vivos y subsistan. "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios ". (Mat. 5: 8). Durante trescientos años Enoc procuró la pureza de corazón, para poder estar en armonía con el cielo. Durante trescientos años caminó con Dios. Día tras día anhelaba una unión más íntima; la comunión se hizo cada vez más estrecha, hasta que Dios se lo llevó consigo. Había permanecido en los umbrales del mundo eterno, con sólo un paso de separación entre él y la tierra de los bienaventurados; y entonces los portales se abrieron; su caminar con Dios, por tanto tiempo proseguido en la tierra, continuó en el cielo, y así pasó por las puertas de la santa ciudad, el primero de los hombres que entró allí.
La Visión Se Cumplirá Ciertamente
Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará. (Hab. 2: 3). La fe que fortaleció a Habacuc y a todos los santos y justos de aquellos tiempos de prueba intensa, era la misma fe que sostiene al pueblo de Dios hoy. En las horas más sombrías, en las circunstancias más amedrentadoras, el creyente puede afirmar su alma en la fuente de toda luz y poder. Día tras día, por la fe en Dios, puede renovar su esperanza y valor. . . Al servir a Dios, no hay por qué experimentar abatimiento, vacilación o temor. El Señor hará más que cumplir las más altas expectativas de aquellos que ponen su confianza en él. Les dará la sabiduría que exigen sus variadas necesidades. Acerca de la abundante provisión hecha para toda alma tentada, el apóstol Pablo da un testimonio elocuente. Le fue asegurado divinamente: "Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad". Con gratitud y confianza, el probado siervo de Dios contestó: "Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2 Cor. 12: 9, 10). Debemos apreciar y cultivar la fe acerca de la cual testificaron los profetas y los apóstoles, la fe que echa mano de las promesas de Dios y aguarda la liberación que ha de venir en el tiempo y de la manera que él señaló. La segura palabra profética tendrá su cumplimiento final en el glorioso advenimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, como Rey de reyes Señor de señores. El tiempo de espera puede parecer largo; el alma puede estar oprimida por circunstancias desalentadoras; pueden caer al lado del camino muchos de aquellos en quienes se puso confianza; pero con el profeta que procuró alentar a Judá en un tiempo de apostasía sin parangón, declaremos con confianza: "Jehóvá está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra" ( Hab. 2: 20). Recordemos siempre el mensaje animador: "Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá. . . El justo por su fe vivirá" (vers. 3, 4).
Seguro Refugio
Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá ya más a sus muertos. (Isa. 26:21). Con rapidez y seguridad se está acumulando una culpabilidad casi universal sobre los habitantes de las ciudades, por causa del constante aumento de la resuelta impiedad. La corrupción que prevalece supera la capacidad descriptiva de la pluma humana. Cada día nos comunica nuevas revelaciones de las contiendas, los cohechos y los fraudes; cada día nos trae aflictivas noticias de violencias e iniquidades, de la indiferencia hacia el sufrimiento humano, de una destrucción de vidas realmente brutal e infernal. . . Nuestro Dios es un Dios de misericordia. Trata a los transgresores de su ley con longanimidad y tierna compasión. . . El Señor soporta durante mucho tiempo a los hombres y las ciudades, enviando misericordiosamente amonestaciones para salvarlos de la ira divina; pero llegará el momento en que ya no se oirán las súplicas en demanda de misericordia. . . Las condiciones que prevalecen en la sociedad, y especialmente en las grandes ciudades de las naciones, proclaman con voz de trueno que la hora del juicio de Dios ha llegado, y que se acerca el fin de todas las cosas terrenales. Nos hallamos en el mismo umbral de la crisis de los siglos. En rápida sucesión se seguirán unos a otros lo castigos de Dios: incendios e inundaciones, terremotos, guerras y derramamiento de sangre. . . Se está preparando la tempestad de la ira de Dios; y sólo subsistirán los que respondan a las invitaciones de la misericordia. . . y sean santificados por la obediencia a las leyes del Gobernante divino. Sólo los justos serán escondidos con Cristo en Dios hasta que pase la desolación. Sea éste el lenguaje del alma: "Otro asilo aquí no hay, indefenso acudo a ti; Mi necesidad me trae, porque mi peligro vi. Solamente en ti, Señor, hallo paz, consuelo y luz; Vengo lleno de temor a los pies de mi Jesús. "Cristo, encuentro en ti poder, y no necesito más; Me levantas, al caer; débil, ánimo me das. Al enfermo das salud, vista das al que no ve. Con amor y gratitud tu bondad ensalzaré". Mmaranata Capítulo 2 |